Zabaleta 40

Cuando en la calle Zabaleta se jugaba al balón. Cuando no había aceras ni carretera asfaltada. Cuando eran tres los coches que pasaban durante todo el día y casi pedían permiso a los chicos de pantalón corto para pasar. Desde un piso alto de Zabaleta 40 la señora Elisa llamaba a uno de sus cinco hijos para que comprara el pan y subieran todos a comer. Unos cuidaban de otros. Entre los niños, y entre los adultos también. Porque en esa casa eran ciento y la madre.

Ciento y la madre, sí. Era un piso alquilado y se alquilaban habitaciones a pupilos. Lo mismo que hoy en día hacen muchos inmigrantes en Gros, hacían Elisa y José en su piso de Zabaleta 40 allá por los años 50. José trabajaba en una empresa de artes gráficas de la plaza del Txofre, pero había muchas bocas que alimentar… Así que las pesetas de las habitaciones alquiladas venían de perlas.

La imagino en blanco y negro. Largo pasillo. Habitaciones grandes de techos altos. Una de ellas con tres camas en la que dormían cinco niños. Cocina hermosa e inmenso salón con vistas al mar. Sí, al mar. Porque justo enfrente de Zabaleta 40 quedaba el hueco de dos casas y se podía divisar un trozo de playa. La imagino con vida, con ruido, con mucho trajín, a veces demasiado. Poca intimidad. Pero cinco hijos, sí señor.

Y los niños, a la calle, a chutar al balón. Y a veces una escapada al puerto, a sacar algún duro a los turistas. El francés de turno tiraba moneda al mar y el primero en zambullirse y encontrarla se la quedaba. Esos eran los mejores momentos de una infancia corta. Los mejores.

427-4%20(71391-8)Fotografía de Sagüés, Gros. Fototeca Kutxa

 

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