Una ciudad para Martina.

Nada más regresar de una escapada de dos días a Bordeaux, le solté a mi madre un «me iría a vivir allí, qué pasada de ciudad» y ella soltó una risa nerviosa con una mezcla entre un «qué vas a hacer tú allí, mi vida» y un «qué haría yo sin ti». Ganas infinitas de volver, ésa es la conclusión final, después de visitar una ciudad increíble, como de cuento de hadas, con sus calles empedradas, sus edificios señoriales, de pasear a orillas del Garona entre bicis, patines y gente haciendo footing y, por supuesto, de beber el mejor vino que habré probado hasta la fecha.

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Sin duda, uno de los lugares mágicos es «Le Miroir«, un espejo de agua donde pasear y mojarse, donde los niños se pierden entre el vapor del agua y los adultos volvemos a ser niños.

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Y en mitad de la nube de sensaciones que te provoca descubrir una ciudad así, ha venido a este mundo Martina. Por fin. Como una gota que colma el vaso de los sueños bonitos. Para completar una foto de familia que, sin ella, es cierto y ahora lo sé… estaba incompleta. Qué ganas de ti, Martina. Qué ganas teníamos todos. Sé de alguien que estará emocionado perdido mirando desde arriba. Ojalá encuentres una y mil ciudades donde reír, amar y soñar.

Salud!

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