«Juliette, chica valiente»

En unos días sale a la venta «Juliette, chica valiente«, un cuento infantil que he escrito y que ha ilustrado a las mil maravillas Rubén B. Caballero. Ni me lo creo. Quería ir compartiendo por aquí algunas cuestiones acerca de este proyecto y la primera de ellas es cómo surgió…

Estuve durante meses llamando a Arya Stark «chica valiente» mientras veía Juego de Tronos. Así que cuando tuve que pensar un título para el cuento que acababa de escribir, lo tuve claro. Juliette era una chica valiente que se cuestionaba las cosas, que luchaba y que estaba en muchas mujeres que me rodean.

Con toda seguridad, Juliette nació el día que Lucía llegó a casa confundida porque un compañero de clase le dijo que no parecía una chica porque le contestaba. Mi respuesta fue contundente: «sigue contestándole, eso es de chicas valientes». El colmo de los colmos es que nos quieran sumisas incluso a los 7 años.

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Pero Juliette también se fue haciendo personaje cuando una compañera de trabajo me contaba que su hijo quería hacer gimnasia rítmica y al resto de madres (no ya a los niños) les parecía raro. Parece que a estas alturas todavía tenemos que estar justificando  si nuestros hijos se salen de la norma establecida. ¿Y si hacemos algo muy sencillo? ¿Respetarles y dejarles ser?

Siempre he tenido claro que para conseguir una igualdad real, la educación es básica. Y los valores se educan desde la infancia. Este cuento ilustrado pretende ser una herramienta para trabajar los valores y la igualdad y para echar por tierra los estereotipos clásicos que tan arraigados tenemos aún en nuestra sociedad.

Este vídeo que hemos preparado para la promoción del cuento resume bien el punto de partida.

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Y así nace nuestra Juliette. Una niña de 7 años intrépida, segura, líder, curiosa, a la que le encanta disfrazarse de pirata y enfundarse una espada. Estamos deseando que la conozcáis y que se convierta en un referente para niñas y niños.

Mientras tanto, seguiremos disfrutando de este pequeño sueño…

 

¿Bailamos?

A 2018 le pedí calma, valentía, coraje y salud. Y así lo acabo. Con la sensación del agua de mi pequeño paraíso murciano en los tobillos y las ganas siempre de volver más pronto que tarde. Con una Girona espléndida que nunca deja de abrigarme. Con Venecia dando calor a un otoño bandido y Verona dando sabor a noches de miel. Con Madrid recordándome que aún sigo viva si cierro los ojos y logro emocionarme de nuevo con la voz de Eddie Vedder y el sonido eterno de Pearl Jam.

Ya no hay año que no tenga curvas y nos vamos acostumbrando a girar el cuerpo para tomarlas bien y no caer del todo. Y llegamos a meta, vaya si llegamos. Pero disfrutando del camino y de quien nos acompaña. De la música de De Pedro, de la energía renovada de mi mexicana preferida y de los Gaylads en esta canción que sabe a trenes de llegada y de salida.

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Vamos a por un 2019 de chicas valientes. London is coming y queda mucho por bailar. Tanto que siento que este viaje acaba de empezar…

Que no se acabe este verano eterno

Cae el último miércoles de agosto y la ciudad aún rebosa esplendor veraniego. Las playas, las calles, los turistas de mochila y albergue y los de hotel cinco estrellas. Inevitable echar la vista atrás y sentir nostalgia temprana de los días largos del inicio del estío. Las palmeras y el olor de un Sur que abriga y sabe a salitre y familia. Los pies descalzos, el pelo mojado y las rubias rodeadas de un montón de chiquillos de su edad descubriendo el placer que da la libertad.

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Suena «Better man» en directo y cierro los ojos. No estoy soñando. Estoy más viva que nunca. Que no se acabe este verano eterno, pienso mientras redescubro las espléndidas calas del Alt Empordá. Las niñas buscan conchas como quien busca un tesoro y nosotros nos perdemos entre libros y olas, siestas y vida sin prisas. Con poco equipaje, mi risa y tus ganas de hacerme reír. Y con una bandera pirata conquistando arena.

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Volver a casa sabiendo que una es feliz cerquita del mar. Y charlar de lo humano y lo divino con un viejo amigo. De feminismo, del encanto de Isabelle Huppert, de la búsqueda del ser humano de la belleza y la juventud, de la buena pluma de la argentina Mariana Enríquez y de mucho y buen cine.

Que nos dure este verano invencible y nos prepare para el otoño de las chicas valientes.

Un faro en el Atlántico

No hay domingo que no se cuele en mi cama. A calentarse los pies, a reír a carcajadas en cuanto le hago cosquillas. La rubia pequeña. Ella es luz y vida. Y en estos días en los que dan ganas de bajarse de este mundo te reconcilia un poco con él.

El amor turbulento entre Oliveira y La Maga y las caminatas por París en busca del cielo y el infierno. Entre sus líneas me pierdo al sol y a tu vera. Entre dunas kilométricas y mojitos al borde del mar. Cortázar, como lectura de unos días de luna llena y faldas cortas… la miel en los labios, los días largos y tranquilos que nos permiten parar de todo y reencontrarnos.

Otro Faro. En el Atlántico. Entre viento y olor a salitre. Papas arrugadas y cerveza canaria…

Y así comienza y termina un abril de luz. Una primavera de calma y demasiadas ideas en la cabeza, sueños que ojalá en breve se hagan realidad. Hace unos días me perdí una conferencia de Elsa Punset donde hablaba de las «posturas poderosas», esas que nos hacen salir ahí fuera a comernos el mundo y de la importancia que tienen las palabras que nos repetimos a diario…

Rubias, ¿quiénes son las mejores?… ¡Nosotras!

… si tengo alas para volar…

El otoño y su luz. Y la magia de un lugar en calma. El Peine del Viento es pura marea o pura paz, según cómo esté la mar. Pero en cualquier caso, es el lugar al que siempre ir. Las rubias disfrutan al escuchar cómo susurra el mar entre las piedras, dan brincos entre ellas y así sólo queda disfrutar… de su risa y del entorno.

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En dos semanas la rubia mayor hace una década. Y yo tiemblo al ser consciente del paso del tiempo. Añoro sus manos minúsculas, sus piernas rollizas, su rostro de hada. En estos diez años la que se ha hecho mayor he sido yo a su lado. La que más ha aprendido de ella, sin duda, yo. La gran afortunada de tenerle cerca, siempre yo. No hay noche que no me diga que me quiere, ni mañana que no me sonría al despertar. Y eso es un verdadero lujo.  Gracias pequeña, por tanto. Eres enorme.

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Leo un reportaje de una pionera del fotoperiodismo, Joana Biarnés y me propongo un reto. Cada semana hablaré a las rubias de una mujer que haya destacado por su profesión y por su defensa de la igualdad. Empezaremos hoy mismo por la gran Frida Kahlo. Mi pequeña aportación en casa para educar en valores igualitarios…

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«Pies, para qué os quiero… si tengo alas para volar», Frida Kahlo.

Ellas

Echarles de menos por puro instinto. Necesitar de su piel, de sus mejillas y de esas manitas abrazadas a mi cuello. Dar la vida por un instante con ellas. Y enseguida, al cruzar la puerta, echarles de más pero no querer nunca que se vayan.

Estas cuatro paredes son nuestro hogar. Nuestro pequeño lugar en el mundo. Un refugio sin bandera. Construidos los cimientos día a día sobre algo sólido. Y lo nuestro nos ha costado. Como todas las cosas que cuestan lo disfrutamos de manera intensa. Viven y me hacen vivir de manera intensa. No saben hacerlo de otra forma y me maravilla.

Crecen, desordenan, protestan, ríen, pelean por lo que consideran justo y vuelta a empezar. Construyéndose a sí mismas. Qué haré yo cuando mi casa esté ordenada, cuando sus habitaciones queden vacías, cuando no encuentre en el sofá de casa esa pintura rota debajo del cojín. Cuando las piezas de una infancia marchita caigan destronadas a lo Inside Out.

Escucho «Suspicious man» esperando a que regresen a mis brazos y disfrutar el hoy, el ahora, el presente más inmediato, ése que nada ni nadie nos puede ni debe arrebatar.

 

Saca tus zapatos de claqué

La vida no es un musical. Ni siquiera se le parece. Pero una sale del cine de ver «La la land» y le dan ganas de empezar a cantar y a bailar encima de los techos de los coches. Te sientas en un banco a mirar la ciudad de noche, sacas unos zapatos de claqué de la chistera, e inevitablemente tus pies empiezan a moverse acompasados. Ves una farola y te agarras a ella recordando la mítica escena de «Singing in the rain.

El poder del cine. Y la magia de una mirada sencilla y pequeña, la de Emma Stone, que es capaz de atravesar un mundo entero. ¿Recuerdas a la niña que fuiste? ¿Se sentiría orgullosa de ti? ¿Recuerdas lo que soñabas cuando tenías dieciséis? Mucha intensidad en sólo tres preguntas, lo sé. Son las que se agolparon en mí después de ver esta película.

Hay personas que frenan tus sueños y otras que los motivan, que te dan la clave y te impulsan hacia arriba. Quizás por eso disfruto tanto cuando las rubias de pronto se ponen a componer canciones, a hacer coreografías, a dibujar cómics o a soñar con la profesión a la que se dedicarán. Nada les frena. Y tocarán una estrella. O encontrarán esa escalera que les lleve al mejor de los mares…

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Febrero nos aguarda. El mes más corto y más frío. El mes en el que gané una apuesta y algo tan valioso que nunca lo hubiera imaginado…

Siempre nos quedará Bordeaux…

Un año no es ni como empieza ni como acaba. El secreto está en inclinar la balanza hacia los buenos momentos y sólo recordar los sinsabores para aprender de ellos. Un año son días y noches, viajes y momentos. Y hay instantes que marcan un año para siempre. El 2016 es y será el año de la primera Comunión de la rubia mayor, el año de la magia de Disney y de nuestro primer viaje a París juntas, el primer diente caído y la espera al Ratoncito Pérez entre sábanas.

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disney

abrazoEl 2016 es el año del «How now is long«, de un Berlín canalla que te enreda. De sus parques inmensos y sus cervezas. El 2016 es de nuevo el año de mi lugar favorito en el mundo, mi pequeño Bolnuevo. Y de la Ibiza de las calas, los mojitos y los mercados hippyes.

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bolnuevoibizaDe los paseos bajo los olivos del pueblo bonito, de Matadero Madrid, del Guggenheim y la terraza de Tabakalera y los atardeceres en Donostia durante el Festival de Jazz. Un año de muchos proyectos bonitos y poco tiempo para llevarlos a cabo. Eso sí, las ideas siguen fluyendo y algún día tomarán forma…

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El año del sueño de una noche de verano en Arzak. El año en el que mi rubia pequeña aprendió a escribir y a leer (por este orden) y en el que descubrí que la rubia mayor se ha hecho demasiado mayor…

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Nos quedan sueños aún por cumplir este año y no esperaremos al que viene.

Bordeaux nos espera…

«You&I» o cómo aprender a bailar bajo la lluvia

Leía hoy que no hay que esperar a que pase la tormenta… hay que aprender a bailar bajo la lluvia. Y no puedo estar más de acuerdo, aunque la práctica siempre sea más puñetera que la teoría… Bailar «You&I» de Crystal Figthers como si no hubiera un mañana y como si no existiera nadie alrededor. Exprimir cada día y cuando acabe un viaje estar pensando en el próximo. Ya lo dice la pared de ese mítico edificio okupa berlinés «How long is now«.

Y así, casi sin darnos cuenta exprimimos el último mes del año y empezamos la cuenta atrás para el 2017. Los balances de Facebook nos muestran lo mejor de estos 335 días y los comercios se preparan para hacer el «agosto». Y mientras, yo sigo empeñada en que los regalos de sus Majestades a las rubias tengan alguna de estas características:

  • Experiencias más que cosas materiales (entradas para conciertos, talleres de cocina y visitas a museos, entre otras. Y unos buenos patines 😉
  • Cosas hechas a mano
  • Algo de ropa o calzado que necesiten
  • Un libro o un cuento
  • Juegos de mesa para jugar en familia

Demasiados reclamos, demasiados juguetes de pilas y luces, demasiados anuncios en rosa o azul. Queremos que nuestros hijos sean educados en la igualdad y nos chocamos con la cruda realidad de ver cómo los hipermercados dividen las secciones de juguetes claramente por sexos.

Espero no ser la única en la sala a la que a veces la maternidad le sobrepasa… Mis chicas son guerreras y mi paciencia no siempre está a la altura… Y aún y todo, ¡qué suerte la mía!

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En breve nos visitará el Ratoncito Pérez porque a la rubia pequeña se le mueve su primer diente. Cuánta magia nos espera ahí a la vuelta de la esquina…

Una carrera por el pasillo y una canción de Eric Clapton…

Mis primeros cassettes grabados con canciones de la época me los grabó él. Fue el primer niño en tenerme en brazos, el que me enseñó a montar en bicicleta, el que me defendía de los chicos del barrio y curiosamente, el que me invitaba a su habitación incluso cuando venían sus amigos a casa. Yo era su hermana pequeña. Y en parte, imagino, que un poco su protegida.

Crecí admirándole. La primera fan en sus conciertos de una música heavy que ni entendía ni falta que hacía. Él era el cantante de la guitarra de pelo largo. Cuántas tardes escuchándole tocar «Still loving you» de Scorpions o «Tears in heaven» de Eric Clapton.

Largas carreras por el pasillo largo, larguísimo, de casa. Al escondite, al pilla pilla y a dar sustos. Y vaya si me los daba. Con los años entendí que esa admiración no cesaría nunca. Quizás por eso cuando veo a las rubias discutir sufro tanto. Porque deseo más que nada en el mundo que sientan lo mismo que siento yo. Que un hermano es el mejor regalo que te pueden hacer tus padres. Que llegar a este mundo y estar así de arropada te da una seguridad que no es comparable a nada. Que el vínculo es eterno y duradero si se cuida.

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No me importa que mire cada una para un lado y que no siempre miren en la misma dirección, mientras sepan que siempre se tendrán la una a la otra. Como yo a mi hermano. Mientras disfruto de ver cómo sus hijos y las mías cuidan también ese vínculo mágico. Los primos, que no son ni hermanos ni amigos y son ambas cosas a la vez.

Hoy es un lunes de esos que deberían borrarse del calendario. O quizás no. Quizás sólo es un lunes de esos que nos hacen más fuertes. Nadie dijo que no seamos vulnerables en la vida no pinterest.