Ella abrazaba a la luna y él escondía un cigarro.

Ella abrazaba la luna y él escondía un cigarro. Casi a diario se veían y pasaban inadvertidos a los ojos del otro. De esas caras conocidas que uno no sabe de qué. La semana se le hacía cuesta arriba a él. Ella seguía abrazada a la luna. Poco o nada le faltaba para ilusionarse. Los exámenes le traían por la calle de la amargura pero se pintaba los labios de rojo, como si el carmín fuera su amuleto de la suerte.

Entraba al banco una lluviosa mañana. Con más ganas de salir que de entrar. La ciudad gris. El día gris. La ropa gris. Ella escuchaba «Like the Wheel» de The Tallest Man On Earth con los auriculares a todo volumen mientras paseaba a su perrita Luna. Sin apenas un duro en el bolsillo. Él forrado. La casa, el coche, el apartamento en la costa y las vacaciones… todo pagado.

Ella soñaba con ir a Roma y montar en Vespa. Él hacía tiempo que había dejado de soñar. Bueno, no… A veces se encendían en él las ganas de dejarlo todo, el banco, a la mujer, vender el apartamento de la costa y viajar en autocaravana. De joven había vivido un verano viajando de este modo y había sido, sin duda, el mejor de su vida. Sin apenas preocupaciones, con poco dinero en el bolsillo, la mochila cargada de ilusión y una novia con carmín rojo en los labios y una perrita.

Él no sabe en qué momento dejó de perseguir sus sueños. Ella piensa comerse el mundo, trabajar en el banco y tener algún día un apartamento en la playa.

 

 

How long is now (I)

Berlín probablemente sea la ciudad más alternativa que puedas imaginar. Mezcla de culturas, gastronomía persa, turca, india… gentes de todas las razas y religiones, amplitud de miras, respeto por doquier. Y los alemanes, amables.

Bitte

Pasear por Under den Linten es pasear por la historia reciente de Europa. Desde la puerta de Brandenburgo hasta la isla de los Museos, pasando por la Universidad, la Catedral y llegar a la bulliciosa Alexanderplatz. Una plaza variopinta donde tomar un mojito en unas hamacas al sol, llena de ambiente diurno, con atracciones para niños y la vista implacable a la torre de la televisión, la más alta de Europa.Parques y muro Berlín

Si algo llama la atención en Berlín es la multitud de parques y bicicletas que hay y lo fácil que es moverse en transporte público. Los berlineses no pierden ocasión en pisar y tumbarse en la hierba, en ocupar los lados del río al sol. Y siempre con una buena cerveza en la mano. Y en cualquier sitio parques infantiles o atracciones para los niños. Al lado de cualquier garito. Muy recomendable la zona de Hackescher Markt, con sus terrazas interminables. Muy cerca de aquí el barrio judío y la zona de las casas okupas.

How-long-is-now

Llegar a Postdamer Platz es puro contraste. Reina un silencio perturbador. Y encontramos una de las zonas comerciales más importantes de la capital alemana. Y volvemos al bullicio de Kreuzberg, con sus locales de moda, las jam sessions y los Dj,s. En Berlín siempre suena música por todas partes.

Mamma mia

Madres que no llegan a todo. Que trabajan dentro y fuera, desde el alba hasta el anochecer. Madres que cambiaron sus sueños por un mundo de desorden feliz, de caos ordenado, de cuentos que no acaban y lunas que observar. Madres que corren y pierden. El tren, el trabajo, los viajes… Y ganan más de lo que imaginaron nunca. Madres que «concilian», como si eso fuera posible, que sobreviven sin ayuda o con ella, que llevan adelante sus proyectos, que viajan siempre que pueden, que tienen más amigas que nunca, que se unen en la adversidad de una crianza que a veces, sólo a veces, esclaviza.

mamma

Madres que sueñan con una vida en equipo, donde todo se comparte y se reparte. Donde las responsabilidades y el compromiso se asumen con mayúsculas. Madres que ríen y que pintan sus canas. Madres con ojeras y con labios rojos. Madres que se preocupan y se ocupan, que se cuidan, que se miman. Madres que no dejan ni por asomo de ser lo que fueron. Mujeres que suman a su vida la increíble experiencia de la maternidad. Madres que respetan a otras mujeres que no desean ser madres, que no juzgan, que no señalan.

Madres que no tienen tiempo de pintarse las uñas. Que caen rendidas sin pasar por el sofá y que duermen con un ojo abierto controlando a la tropa. Madres que curan catarros con besos. Madres que ya nunca volvieron a dormir como antes. Madres que sueñan con una ducha tranquila, con cinco minutos para ellas, con poder terminar de leer ese libro, con desayunar solas. Madres que se tiran al suelo a jugar. Que se quedan dormidas leyendo cuentos. Que vuelven a ser niñas…

No sé qué sería de mí sin ellas… sólo sé que antes no era ni la mitad de lo que soy. Y se lo debo a ellas. A las rubias, que cada día me ponen a prueba y me hacen superarme a mí misma. Nunca imaginé que ser madre fuera tan cansado ni que aún estando tan cansada fuera feliz.

 

Empezar

Empezar. Un libro, una canción, a hacer surf, a bailar, a tocar la guitarra, a hacer parapente. Da igual. Pero empezar. Viajar. A sitios con los que soñaste, cercanos o lejanos… Y dejarse sorprender por pequeños rincones que nos emocionan al pasar.

Empezar un año. Volver a hacer escalada, retomar las buenas costumbres, lo que te hace bien. No apoltronarse, no conformarse, salir de la zona de confort. Conocer a nuevas personas, visitar nuevos museos, conocer otras cafeterías. Escuchar música que nunca antes has escuchado. Enriquecerse con cosas nuevas. Salir de tu barrio, de tu ciudad, de tu entorno, de lo que te rodea a diario.

empezar

 

Empezar. A escribir un libro, una poesía, un cuento, una canción. A ir al teatro, a la ópera, quedarse absorto viendo una actuación callejera y echar dinero. Sí, echar dinero a esos artistas anónimos. Creer en el arte del que crea algo hermoso de la  nada.

Empezar. Como un bebé a gatear. Un curso de dibujo, de fotografía o a hacer manualidades con washi tape. Qué más da. Mientras empiezas algo mantienes las ganas. Y si no, que se lo pregunten a las rubias…

Feliz Año. Siempre hay una oportunidad para empezar de nuevo…

39 sonrisas

Hace unos días visitando otros blogs leí este post de Mamirrachadas. Ahora que vamos cerrando página al 2015, ahí van las cosas que me han arrancado una sonrisa este año…

smile

  1. Oírle gritar a mi rubia de 7 años «Ama, esté es el mejor día de mi vida» mientras yo resoplo asustada al bajar por una de esas atracciones locas del Far West de Port Aventura.
  2. Bañarnos en las calas nudistas de Puntavela en Mazarrón
  3. Un mojito. Mmm ¡qué rico!. Otro mojito
  4. Recorrer 1000 kilómetros para felicitar por sorpresa a tu prima del alma unos días después de su 40 cumpleaños
  5. Que tu rubia pequeña te diga que cuando sea tu madre y tú (osea yo) seas su hija… qué lío se arma la pobre…
  6. Escuchar un concierto en la Plaza Trinidad de Silvia Pérez Cruz y dejarte caer.
  7. Ir a tu primer concierto de Bob Dylan, salir encantada pero no saber muy bien si ése del sombrero era Bob… Ni una canción conocida, oiga!
  8. Que te guste sobremanera el marisco y te sorprendan con la mejor mariscada del mundo en el Puerto de Zumaia.
  9. Levantarte un sábado a la mañana con pereza por tener que ir a trabajar y acabar el día tomando vino en un italiano de Bourdeaux.
  10. Los Panchitos de los martes de confidencias.
  11. Los domingos a la mañana tiradas en mi cama las tres viendo «Peppa Pig no, Doraemon ama»
  12. Que te regalen un vinilo de Elvis en el bar con las patatas bravas más ricas a 100km a la redonda.
  13. Hacer plan con tus amigos, llevarte a las rubias no teniendo muy claro si se lo van a pasar bien o se van a aburrir y que a la vuelta te digan ¿cuándo volvemos? ¿cuándo volvemos? Elgoibar mola.
  14. Seguir disfrutando como una niña con zapatos nuevos con el tercer sábado de junio organizando el Día de la Música.
  15. Cantar tan alto y tan fuerte en un concierto que se note demasiado que el grupo del escenario os encanta y les habéis traído vosotros. Y que te lo digan.
  16. Ver a Martín y disfrutar enseñándole los instrumentos del escenario, sabiendo que en el fondo él con año y medio ha visto más instrumentos que tú en toda tu vida.
  17. Ir a La Rioja y llevarte a tu sobrino para que disfrute con las rubias.
  18. Hacerme por fin un tatuaje de dos estrellas cerca del vientre.
  19. Ver a mi rubia dormirse en el hombro de mi padre.
  20. Los baños locos en la Concha de este verano.
  21. Que tu sobrina haga 18, se vaya a Ghanna de cooperante, empiece la Universidad y visites su nuevo piso de estudiante. Pero, sobre todo, que la complicidad entre ambas llegue a la luna.
  22. Esos momentos en los que no puedes más y entonces te sirves una copa de vino y te tomas las cosas con calma.
  23. La Fontana de Trevi en otoño.
  24. El momento vermouth.
  25. Montar en la «Marie Louise» para ir de Hendaya a Hondarribia.
  26. Darme cuenta de que no se puede domar algo tan felizmente salvaje.
  27. Que tu rubia de 4 años te confiese que ella cuando sea mayor se casará contigo. Pure love.
  28. Esas noches de fiesta con las amigas del alma.
  29. Pintarme los labios y las uñas de rojo.
  30. Prometer a las rubias un millón de anocheceres con el cielo de colores de otoño.
  31. Despertarles con música.
  32. Y algún día también con la secuencia de «Buenos días princesa» de «La vida es bella«.
  33. Comer palmeritas recién hechas en el horno.
  34. Ir al chiringuito de Bolnuevo a tomar una caña fresquita cuando acaba el día.
  35. No tener más bandera que ellas.
  36. Las cenas de julio en la terraza de casa con verdejo fresquito.
  37. Reivindicar la conciliación porque «Si Lucía y Ane no existieran, yo tampoco».
  38. Disfrutar del Alarde de Irún.
  39. Ver «En la cuerda floja» sobre la vida de Johnny Cash.

La princesa Marene

Y de repente recibes una fotografía por instagram y el mundo se para. Se acaban las prisas, las reuniones y las obligaciones. Ha llegado al mundo la princesa Marene… el día justo en el momento preciso. Es curioso como las redes sociales se convierten en la manera más efectiva de comunicarnos… Y no lo es menos cómo la noticia de una nueva vida nos hace apearnos por un instante de las prisas.

Unos días después tuve a Marene en mis brazos. Ese olor a vida, ¿qué tendrá? Le dije a su feliz madre que disfrutara de cada uno de sus suspiros, porque esta vida imparable no nos permite demasiadas licencias para disfrutar de tanta pureza. Y es verdad. Le dije a su feliz padre que cuidara siempre de la mujer que le hizo padre. Y sé que lo hará. Se quedó dormida en mis brazos… una que sigue teniendo mano, aunque mi bebé ya no tenga nada de bebé.

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Medio mundo está viendo Star Wars y el otro medio se pelea por pagar primero en las largas colas del consumismo navideño. En «El Sekadero» de Tabakalera redescubro mi fascinación por el teatro. Me gusta el formato: 15 minutos, 15 personas, 15 metros cuadrados. Teatro de fácil consumo sin más pretensión que dejarte boquiabierto a medio metro de los personajes. Casi nada. Eso sí que es hacerlo a pelo (perdón por la expresión), no se repiten los planos, la locución es perfecta y al minuto estás metido de lleno en la historia. Pure love.

Una pequeña reflexión… no nos volvamos locos de atar estos días. Sólo es la excusa perfecta para pasar más tiempo con los nuestros. Sean felices. Muy felices.

 

 

París

Hace un año divisé por primera vez París desde Montmartre. Lloré de pura emoción. Puedo parecer exagerada, lo sé, pero se me había atragantado hasta entonces la capital francesa. Desde niña soñé con ir y más de una vez se truncó el viaje.

 

ParisHace un año divisé por primera vez París desde Montmartre. Y entonces supe que la espera había merecido la pena. Entendí que era el momento. A veces nos empeñamos en que sea el momento antes de tiempo. «No hagas planes para la vida que la vida tiene planes para ti«, es una de las frases preferidas de mi hermano. Y así es. Nos empeñamos en que sea el momento antes de tiempo y en planificar nuestros pasos. Y al llegar a la meta nos damos cuenta que lo de menos era la cima…

Hay una canción que me ronda a menudo, suelo escucharla por nostalgia pura y hoy he encontrado una versión que desconocía… Que no dejemos de brindar con extraños. Que sigamos cayendo en los mismos errores.

Un año después París me sabe a un buen vino francés con queso en un apartamento de una calle de Monmartre. A un mojito en el Barrio Latino en un local de moda. A callejear a orillas del Sena, a tener que bajarme de la Tour Eiffel nada más subir, a una terraza en plenos Campos Elíseos con calefacción y manta. Un año después París me sigue sabiendo a la ciudad más bonita del mundo, con sus edificios señoriales y su elegancia innata. Infinitas ganas de volver… y no tardaré.

 

 

 

Que empiece el espectáculo…

Escucho a Billie Holliday con una copa de vino mientras las rubias disfrutan a lo Master Chef en la cocina. El menú no puede ser mejor, nuggets caseras de palomitas. ¡Cómo disfrutan con las manos llenas de huevo, sal y maíz!

La rubia mayor del reino ha descubierto un mundo paralelo a través de los libros de Tea Stilton y las aventuras de Gerónimo Stilton. «En el Reino de la Fantasía» es uno de los pocos libros del mundo con olores, o eso reza su lomo. Entre sus páginas puedes oler perfumes o tufos. Lo mismo me da. Quiero decir, que suena a reclamo comercial, pero verle olvidarse del mundo gracias a la lectura es una de las mayores alegrías que me puede dar. Soy la madre más feliz del mundo cuando cada noche me pide cinco minutos más para acabar el capítulo o cuando disfruta leyéndole en voz alta a su hermana.

Su hermana. Apunta maneras de científica, a juzgar por el entusiasmo que demostraba ayer en la bañera haciendo un experimento con agua, jabón y cachitos de papel. O de bióloga, a juzgar por el empeño que ponía hasta hace poco por regalarme hojas de árbol con babosas dentro a la salida del colegio. Oh my god. Que todo sea por lo que nos reímos con ella.

Hemos dado con ganas carpetazo a este noviembre. Hay meses que vienen marcados en el calendario de la vida y éste era uno de ellos. Borrón y cuenta nueva. Y esto me recuerda que entro en el último mes de mi treintena. Ya es tarde para añadir sueños a la lista de «cosas que hice antes de los 40«. Pero no pienso desperdiciar ni un solo día en perseguirlos… Los grandes e inalcanzables y los cercanos y asequibles, como la exposición dedicada a Méliès en Alderdi-Eder. El maestro de la imaginación…

Que comience el espectáculo…

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Nada más importa (nothing else matters)

Dedicar más tiempo a lo que realmente nos hace feliz. Seguir esta premisa es lo que nos salva del hastío. Escribir, ir a un concierto, dormir, dedicar tiempo de calidad a las rubias, tomar un verdejo con bonita conversación un viernes cualquiera, el vermouth del domingo e invitar a tu casa a tu gente.

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Invitar a tu casa a tu gente y que las rubias crezcan con el buen sabor que da rodearte de familia, la de verdad y la que eliges. Posiblemente sean los mejores recuerdos que tengo de la infancia, los domingos rodeados de primos en casa de los abuelos. Entre la colección de llaveros del abuelo Pedro, la caja de fotografías en blanco y negro y las historias de una guerra y una postguerra que nunca tuvo que ser.

Hoy, al escuchar «Nothing Else Matters» de Metallica (¿la mejor balada de la historia?) tocada por mi hermano con la nueva guitarra de mi hija, me emocionaba. Es como si de repente se uniera tu pasado con tu presente y se dieran la mano. Perfecta sintonía.

«Duda. Sorpréndete. Sé rebelde. No te conformes. Lánzate. Arriesga. Di que no. Sonríe. Di por favor y gracias. Saluda siempre. Camina al lado, ni delante ni detrás. No mires nunca por encima del hombro. Sé humilde. No hagas nunca caso al que te diga que no puedes. Sí puedes. Recuérdalo. Sé firme en tus ideas. Decide por ti misma. Intenta ser justa. Trabaja la paciencia. Cuida y haz amigos. Por ese orden. No dejes de hacer nunca lo que te gusta. Tu hermana antes que nadie.»

Esto es lo que me nacía escribirle a mi hija el día que hacía 8 años. Añadiría «Piensa en ti«, eso que tantas veces se nos olvida. 8 años de un aprendizaje diario y continuo, de la profesión más bonita del mundo, más exigente y que más inseguridades da. Ser madre, con todo, con lo que la vida te da y te quita. Ser madre sabiendo que ni eres perfecta ni falta que hace. E intentar serlo cada día soltando lastre, soltando miedos y sobre todo, soltando culpas.

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