Siempre nos quedará Bordeaux…

Un año no es ni como empieza ni como acaba. El secreto está en inclinar la balanza hacia los buenos momentos y sólo recordar los sinsabores para aprender de ellos. Un año son días y noches, viajes y momentos. Y hay instantes que marcan un año para siempre. El 2016 es y será el año de la primera Comunión de la rubia mayor, el año de la magia de Disney y de nuestro primer viaje a París juntas, el primer diente caído y la espera al Ratoncito Pérez entre sábanas.

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disney

abrazoEl 2016 es el año del «How now is long«, de un Berlín canalla que te enreda. De sus parques inmensos y sus cervezas. El 2016 es de nuevo el año de mi lugar favorito en el mundo, mi pequeño Bolnuevo. Y de la Ibiza de las calas, los mojitos y los mercados hippyes.

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bolnuevoibizaDe los paseos bajo los olivos del pueblo bonito, de Matadero Madrid, del Guggenheim y la terraza de Tabakalera y los atardeceres en Donostia durante el Festival de Jazz. Un año de muchos proyectos bonitos y poco tiempo para llevarlos a cabo. Eso sí, las ideas siguen fluyendo y algún día tomarán forma…

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El año del sueño de una noche de verano en Arzak. El año en el que mi rubia pequeña aprendió a escribir y a leer (por este orden) y en el que descubrí que la rubia mayor se ha hecho demasiado mayor…

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Nos quedan sueños aún por cumplir este año y no esperaremos al que viene.

Bordeaux nos espera…

Derroche de sentidos

Arzak es de esos lugares donde entras sabiendo que la experiencia puede ser única y te vas enamorada del lugar, de sus gentes, de los platos, de los sabores, texturas y olores. Una auténtica fiesta para los sentidos donde nada ocurre de manera casual y todo el mundo se encarga de que todo fluya perfectamente.

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Enorme suerte la nuestra de conocer a Mariano Rodríguez, sumiller de Arzak, elegido sumiller mundial del año por la Academia Internacional de Gastronomía, y dejarnos guiar por sus recomendaciones en todo momento, tanto en el menú degustación como en los vinos que eligió para nosotros. Es el guardián de 90.000 botellas de 3.900 referencias distintas. Y, sin duda, los que eligió son los mejores vinos que he probado y probaré.

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Igor Zalacaín, del laboratorio de Arzak, nos enseñó la cocina. Un equipo perfectamente coordinado y concentrado en cada uno de los platos que preparan. Como curiosidad, hay una mesa dentro de la cocina que puede reservarse también y cenar allí viendo cómo cocinan. Después subimos a la impresionante bodega de baja luz y temperatura, donde aún se conserva uno de los pilares de madera del edificio de la familia Arzak. Y la visita terminó en el Laboratorio donde el equipo de innovación trabaja en los nuevos platos, ingredientes y sabores. Conocía el trabajo que desarollaban gracias a Xabier Gutiérrez, pero verlo in situ no tiene precio.

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Cada una de las combinaciones presentadas tenía el mejor sabor. Y la materia prima es excelente. Nada que se le parezca. «La» experiencia gastronómica, sin duda.