No se puede domar algo felizmente salvaje

Suena Johnny Cash en casa y su música es capaz de llenar hasta el espacio más vacío, hasta el hueco más inhóspito de un hogar en proceso de transformación. Época de cambios. Toca repensar y reiventar el espacio y darle valor. Mientras ordeno, me ordeno. Mientras decoro doy sentido a estas cuatro paredes. Sabiendo que el verdadero sentido se lo dan ellas. Las rubias.

No sé en qué momento, pero por este cielo han pasado volando cinco años. De golpe y porrazo. Con ella he aprendido que no se puede domar algo felizmente salvaje, que las noches son menos oscuras con sus abrazos (no he conocido a una niña más sobona que ella) y que esto no es fácil pero podemos hacerlo bonito pintando alrededor flores y corazones. El otro día me pidió que siempre haya globos hinchados en casa. Una fiesta perpetua, vaya. ¡A tus órdenes, mi capitana!

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Si tuviera que pedir un deseo, éste sería abrir los ojos y veros allí a todos sonriendo para mí… Zas! Cuidado con los sueños que a veces se cumplen. Tres días después de la fiesta sorpresa que me prepararon mis amigos por mi 40 cumpleaños todavía estaba emocionada. Gracias gente bonita que acompaña de la mejor manera que se puede acompañar. De la mano y sin dobleces. Autenticidad en estado puro. El viaje así merece mucho más la pena. Sigo pensando que no merezco tanto… pero es verdad, últimamente sólo me pasan cosas bonitas…

Fin de semana por delante. Con la inauguración oficial de Donostia, Capital Europea de la Cultura 2016 y con ganas de mojito… ¿quién dijo que sólo eran para el verano?