Derroche de sentidos

Arzak es de esos lugares donde entras sabiendo que la experiencia puede ser única y te vas enamorada del lugar, de sus gentes, de los platos, de los sabores, texturas y olores. Una auténtica fiesta para los sentidos donde nada ocurre de manera casual y todo el mundo se encarga de que todo fluya perfectamente.

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Enorme suerte la nuestra de conocer a Mariano Rodríguez, sumiller de Arzak, elegido sumiller mundial del año por la Academia Internacional de Gastronomía, y dejarnos guiar por sus recomendaciones en todo momento, tanto en el menú degustación como en los vinos que eligió para nosotros. Es el guardián de 90.000 botellas de 3.900 referencias distintas. Y, sin duda, los que eligió son los mejores vinos que he probado y probaré.

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Igor Zalacaín, del laboratorio de Arzak, nos enseñó la cocina. Un equipo perfectamente coordinado y concentrado en cada uno de los platos que preparan. Como curiosidad, hay una mesa dentro de la cocina que puede reservarse también y cenar allí viendo cómo cocinan. Después subimos a la impresionante bodega de baja luz y temperatura, donde aún se conserva uno de los pilares de madera del edificio de la familia Arzak. Y la visita terminó en el Laboratorio donde el equipo de innovación trabaja en los nuevos platos, ingredientes y sabores. Conocía el trabajo que desarollaban gracias a Xabier Gutiérrez, pero verlo in situ no tiene precio.

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Cada una de las combinaciones presentadas tenía el mejor sabor. Y la materia prima es excelente. Nada que se le parezca. «La» experiencia gastronómica, sin duda.