Madre

De niña piensas que el mejor sitio donde una puede estar es en el regazo de su madre. Creces y te das cuenta que hay cosas que no cambian. Que nunca te sentirás más protegida que cerca de ella. A veces da hasta miedo descubrir que sabe exactamente lo que estás pensando. Que conoce cada una de tus debilidades y aún y todo nunca te hará daño. El amor más incondicional que existe.

Y quizás una no lo entiende hasta que es madre. Y entonces sabe que no habrá nada que se le pueda poner por delante para proteger a sus crías. Como una leona, siempre fiel a sus cachorros.

madre

Las madres se pasan, sí. De cariñosas, protectoras, de lanzar elogios que hacen sonrojar hasta a la persona con más ego del mundo. A veces se meten en nuestras cosas, nos dan consejos que no cogemos, incluso sabiendo que nos benefician. Ven cómo nos equivocamos y ahí están para levantarnos de nuevo. Una y otra vez. Madres hay muchas y de muchos tipos y todas ellas son las mejores para cada uno de nosotros. Leo en una de las publicidades que inundan estos días los escaparates que «ella te hinchó la piscina (y sin hinchador). Se lo debes». Pues sí, a pleno pulmón.

Y a pleno pulmón sigue haciendo cosas cada día cual hormiguita esta madre incansable. Cariñosa, buena cocinera, alegre y ahora hasta con washapp y redes sociales. Madres que se adaptan, que viajan, que viven y sueñan, que cuidan de nietos y siguen cuidando de hijos y marido (las mujeres siempre cuidando), que enseñan a escribir con buena letra, que siguen tapándonos cuando nos destapamos y siempre quieren que comamos un poco más. Madres que son ejemplo insuperable, una generación única, que siguen dando muchas veces sin recibir, que han renunciado a demasiado y lo han tenido más difícil que nosotras. Madres curtidas de vida. Madres con el corazón fuera del cuerpo.

Y entre todas ellas, la más bonita, .

Mamma mia

Madres que no llegan a todo. Que trabajan dentro y fuera, desde el alba hasta el anochecer. Madres que cambiaron sus sueños por un mundo de desorden feliz, de caos ordenado, de cuentos que no acaban y lunas que observar. Madres que corren y pierden. El tren, el trabajo, los viajes… Y ganan más de lo que imaginaron nunca. Madres que «concilian», como si eso fuera posible, que sobreviven sin ayuda o con ella, que llevan adelante sus proyectos, que viajan siempre que pueden, que tienen más amigas que nunca, que se unen en la adversidad de una crianza que a veces, sólo a veces, esclaviza.

mamma

Madres que sueñan con una vida en equipo, donde todo se comparte y se reparte. Donde las responsabilidades y el compromiso se asumen con mayúsculas. Madres que ríen y que pintan sus canas. Madres con ojeras y con labios rojos. Madres que se preocupan y se ocupan, que se cuidan, que se miman. Madres que no dejan ni por asomo de ser lo que fueron. Mujeres que suman a su vida la increíble experiencia de la maternidad. Madres que respetan a otras mujeres que no desean ser madres, que no juzgan, que no señalan.

Madres que no tienen tiempo de pintarse las uñas. Que caen rendidas sin pasar por el sofá y que duermen con un ojo abierto controlando a la tropa. Madres que curan catarros con besos. Madres que ya nunca volvieron a dormir como antes. Madres que sueñan con una ducha tranquila, con cinco minutos para ellas, con poder terminar de leer ese libro, con desayunar solas. Madres que se tiran al suelo a jugar. Que se quedan dormidas leyendo cuentos. Que vuelven a ser niñas…

No sé qué sería de mí sin ellas… sólo sé que antes no era ni la mitad de lo que soy. Y se lo debo a ellas. A las rubias, que cada día me ponen a prueba y me hacen superarme a mí misma. Nunca imaginé que ser madre fuera tan cansado ni que aún estando tan cansada fuera feliz.