Nada más importa (nothing else matters)

Dedicar más tiempo a lo que realmente nos hace feliz. Seguir esta premisa es lo que nos salva del hastío. Escribir, ir a un concierto, dormir, dedicar tiempo de calidad a las rubias, tomar un verdejo con bonita conversación un viernes cualquiera, el vermouth del domingo e invitar a tu casa a tu gente.

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Invitar a tu casa a tu gente y que las rubias crezcan con el buen sabor que da rodearte de familia, la de verdad y la que eliges. Posiblemente sean los mejores recuerdos que tengo de la infancia, los domingos rodeados de primos en casa de los abuelos. Entre la colección de llaveros del abuelo Pedro, la caja de fotografías en blanco y negro y las historias de una guerra y una postguerra que nunca tuvo que ser.

Hoy, al escuchar «Nothing Else Matters» de Metallica (¿la mejor balada de la historia?) tocada por mi hermano con la nueva guitarra de mi hija, me emocionaba. Es como si de repente se uniera tu pasado con tu presente y se dieran la mano. Perfecta sintonía.

«Duda. Sorpréndete. Sé rebelde. No te conformes. Lánzate. Arriesga. Di que no. Sonríe. Di por favor y gracias. Saluda siempre. Camina al lado, ni delante ni detrás. No mires nunca por encima del hombro. Sé humilde. No hagas nunca caso al que te diga que no puedes. Sí puedes. Recuérdalo. Sé firme en tus ideas. Decide por ti misma. Intenta ser justa. Trabaja la paciencia. Cuida y haz amigos. Por ese orden. No dejes de hacer nunca lo que te gusta. Tu hermana antes que nadie.»

Esto es lo que me nacía escribirle a mi hija el día que hacía 8 años. Añadiría «Piensa en ti«, eso que tantas veces se nos olvida. 8 años de un aprendizaje diario y continuo, de la profesión más bonita del mundo, más exigente y que más inseguridades da. Ser madre, con todo, con lo que la vida te da y te quita. Ser madre sabiendo que ni eres perfecta ni falta que hace. E intentar serlo cada día soltando lastre, soltando miedos y sobre todo, soltando culpas.

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