Joie de vivre

Sonaba «We take care of our own» en ese Marshall que algunas noches nos vio bailar y muchos días sudar. Llovía y hacía viento ahí fuera y eso que ya habíamos pasado el dichoso cuarenta de mayo. Toca verano. Toca bajar el ritmo frenético, empezar a caminar descalzos y brindar con esa copa de vino al borde del mar en Gèthary. Toca buscar y encontrar historias contadas por otros en páginas ajenas y que la vida pase lentamente.

Junio es poesía incluso con gotas de lluvia en los cristales. O precisamente por eso. Los días largos y tantísima luz por delante. Atrás queda ese Bansky que, por sorpresa, encontramos paseando por la Sorbona. Y esa maravillosa huída en patinete eléctrico hasta los mismísimos Jardines de Tullerías. Ay, París… esa ciudad a la que siempre regresar. Incluso en sueños.

Y ahora ven, abrázame fuerte y dime que todo va a salir bien. Como en la canción de Depedro.

Joie de vivre, ¿recuerdas?.

Siempre nos quedará Bordeaux…

Un año no es ni como empieza ni como acaba. El secreto está en inclinar la balanza hacia los buenos momentos y sólo recordar los sinsabores para aprender de ellos. Un año son días y noches, viajes y momentos. Y hay instantes que marcan un año para siempre. El 2016 es y será el año de la primera Comunión de la rubia mayor, el año de la magia de Disney y de nuestro primer viaje a París juntas, el primer diente caído y la espera al Ratoncito Pérez entre sábanas.

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disney

abrazoEl 2016 es el año del «How now is long«, de un Berlín canalla que te enreda. De sus parques inmensos y sus cervezas. El 2016 es de nuevo el año de mi lugar favorito en el mundo, mi pequeño Bolnuevo. Y de la Ibiza de las calas, los mojitos y los mercados hippyes.

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bolnuevoibizaDe los paseos bajo los olivos del pueblo bonito, de Matadero Madrid, del Guggenheim y la terraza de Tabakalera y los atardeceres en Donostia durante el Festival de Jazz. Un año de muchos proyectos bonitos y poco tiempo para llevarlos a cabo. Eso sí, las ideas siguen fluyendo y algún día tomarán forma…

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El año del sueño de una noche de verano en Arzak. El año en el que mi rubia pequeña aprendió a escribir y a leer (por este orden) y en el que descubrí que la rubia mayor se ha hecho demasiado mayor…

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Nos quedan sueños aún por cumplir este año y no esperaremos al que viene.

Bordeaux nos espera…

La magia existe

Tocar suelo y prometer a las rubias que algún día les llevaría a París. La necesidad de ilusionarme e ilusionarles. Y la certeza de que sólo soñando se consiguen las cosas. Si nos roban la ilusión nos van robando el alma poco a poco hasta hacer de nosotros simples marionetas. Y sé, que al final de mis días París será siempre la victoria de la ilusión, de mis convicciones y de mí misma. La magia existe. La he visto estos días en sus caras.

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Por eso, hace apenas dos años la primera vez que vi París desde Montmartre lloré. De pura emoción. Y por eso traer a las rubias aquí es más que un simple viaje. Tengo la firme convicción de que a partir de ahora los regalos a mis hijas serán experiencias y no cosas materiales (más allá de las necesarias). Tenemos y tienen demasiadas cosas que acaban por no valorar. Pero estoy convencida de que este viaje no lo olvidarán.

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La Tour Eiffel desde Trocadero

La felicidad está ahí, a la vuelta de la esquina. El truco es disfrutar de lo pequeño, de una copa de verdejo un viernes, de una conversación con amigas, de un paseo en Vespa por la Corniche hasta San Juan de Luz

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Es la única manera de sobrevivir a septiembre y a la rutina. La necesito y la odio a partes iguales. La rutina, digo. Se me cae la casa encima y a la vez estoy deseando pasar un domingo de tormenta al calor del hogar. Entre la pereza de levantarse de la cama, el chocolate caliente y un maratón de clásicos. Nadie dijo que fuera fácil entendernos.

París

Hace un año divisé por primera vez París desde Montmartre. Lloré de pura emoción. Puedo parecer exagerada, lo sé, pero se me había atragantado hasta entonces la capital francesa. Desde niña soñé con ir y más de una vez se truncó el viaje.

 

ParisHace un año divisé por primera vez París desde Montmartre. Y entonces supe que la espera había merecido la pena. Entendí que era el momento. A veces nos empeñamos en que sea el momento antes de tiempo. «No hagas planes para la vida que la vida tiene planes para ti«, es una de las frases preferidas de mi hermano. Y así es. Nos empeñamos en que sea el momento antes de tiempo y en planificar nuestros pasos. Y al llegar a la meta nos damos cuenta que lo de menos era la cima…

Hay una canción que me ronda a menudo, suelo escucharla por nostalgia pura y hoy he encontrado una versión que desconocía… Que no dejemos de brindar con extraños. Que sigamos cayendo en los mismos errores.

Un año después París me sabe a un buen vino francés con queso en un apartamento de una calle de Monmartre. A un mojito en el Barrio Latino en un local de moda. A callejear a orillas del Sena, a tener que bajarme de la Tour Eiffel nada más subir, a una terraza en plenos Campos Elíseos con calefacción y manta. Un año después París me sigue sabiendo a la ciudad más bonita del mundo, con sus edificios señoriales y su elegancia innata. Infinitas ganas de volver… y no tardaré.