¿Bailamos?

A 2018 le pedí calma, valentía, coraje y salud. Y así lo acabo. Con la sensación del agua de mi pequeño paraíso murciano en los tobillos y las ganas siempre de volver más pronto que tarde. Con una Girona espléndida que nunca deja de abrigarme. Con Venecia dando calor a un otoño bandido y Verona dando sabor a noches de miel. Con Madrid recordándome que aún sigo viva si cierro los ojos y logro emocionarme de nuevo con la voz de Eddie Vedder y el sonido eterno de Pearl Jam.

Ya no hay año que no tenga curvas y nos vamos acostumbrando a girar el cuerpo para tomarlas bien y no caer del todo. Y llegamos a meta, vaya si llegamos. Pero disfrutando del camino y de quien nos acompaña. De la música de De Pedro, de la energía renovada de mi mexicana preferida y de los Gaylads en esta canción que sabe a trenes de llegada y de salida.

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Vamos a por un 2019 de chicas valientes. London is coming y queda mucho por bailar. Tanto que siento que este viaje acaba de empezar…

Un poema de Cortázar y un concierto de Pearl Jam.

A los Reyes les he pedido calma para aceptar lo que tenga que venir. Valentía para salir de mi zona de confort. Coraje para perseguir mis sueños. Y salud de la buena para los míos. El resto es accesorio. Excepto viajar…

Sin pedirlo, el 2017 me trajo un paseo por la Alfama entre tejados lisboetas y calles adoquinadas. Volver a Portas de Sol y conocer el Mercado da Ribeira. Pasear por Cascais y descubrir la magia de un faro y un buen arroz con marisco.

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Si pedirlo, el 2017 me regaló un viaje con amigas a la ciudad de Willy Fog. Con risas bajo el Big Ben, enchufes raros y paradas de metro multirraciales y heterogéneas.

Si pedirlo, el 2017 me trajo de nuevo noches estrelladas en mi Sur, baños al amanecer en el Mediterráneo, cervezas bien frías y confidencias con mi gente, y horas de sol y lectura sobre la arena.

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Sin pedirlo, el 2017 me regaló la luz de Cadaqués y el primer rayo de sol al amanecer. Y un mojito pirata en una cala de Tossa.

Sin pedirlo, el 2017 me ha traído muchas horas de arena, muchas horas de amigos, la conciencia de que las rubias se hacen mayores y con ellas… yo. En 2017 he tropezado, he caído, me han levantado, me han demostrado, he cometido errores, me han querido como nunca, he sabido quién está de verdad y quién no, he tenido miedo del de verdad, he temblado como una niña. Así que 2018 te pido calma, valentía, coraje y salud. Bueno, y un poema de Cortázar y un concierto de Pearl Jam.