Courage ma belle

Marzo se nos va de las manos como se aleja un tren de madrugada en una estación deshabitada. Se escapa sin poderle poner freno, sin haberlo disfrutado apenas, sin haber visto nacer las flores en los árboles ni un atardecer en el mar. Así se nos va un mes incierto, desafortunado, raro. Ha llegado la primavera sin chiquillos en la calle, sin alborotos ni traspiés. Y quizás, con más horas de sueño profundo, más poesía leída y más canciones escuchadas de lo habitual.

Cuando todo esto pase, que pasará… sé que recordaré a mis hijas felices en bata y pijama haciendo guerras de cojines, y ellas a mí tomando el sol en la terraza a la menor ocasión. A los abuelos manejando las videollamadas con profesionalidad y a mis amigas brindando con una copa de vino por el siguiente viaje juntas. Menos mal que aún guardamos el sabor de un viaje a Lisboa bailando bossa hasta casi el amanecer. Como dice el poeta Miki Naranja «tengo la autoestima por los sueños».

Y sí, nos quedará la sensación de un «te echo de menos«, los conciertos virtuales, los libros en la mesilla releídos y el viejo vinilo sin parar de sonar. Y volveremos a la conquista de las calles, a las terrazas al sol, a pasear por la orilla y a Venecia, por fin. Y, sobre todo, volverán los abrazos. Esos que ocupan el top one en la lista de lo más deseado de estos días largos en casa. Nos abrazaremos sin parar. Por lo menos un siglo más…

Mientras… hoy es siempre todavía. He visto la luna y me he emocionado. Y así, cada día… porque no sé si os habéis dado cuenta, pero aún seguimos vivos.

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¿Bailamos?

A 2018 le pedí calma, valentía, coraje y salud. Y así lo acabo. Con la sensación del agua de mi pequeño paraíso murciano en los tobillos y las ganas siempre de volver más pronto que tarde. Con una Girona espléndida que nunca deja de abrigarme. Con Venecia dando calor a un otoño bandido y Verona dando sabor a noches de miel. Con Madrid recordándome que aún sigo viva si cierro los ojos y logro emocionarme de nuevo con la voz de Eddie Vedder y el sonido eterno de Pearl Jam.

Ya no hay año que no tenga curvas y nos vamos acostumbrando a girar el cuerpo para tomarlas bien y no caer del todo. Y llegamos a meta, vaya si llegamos. Pero disfrutando del camino y de quien nos acompaña. De la música de De Pedro, de la energía renovada de mi mexicana preferida y de los Gaylads en esta canción que sabe a trenes de llegada y de salida.

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Vamos a por un 2019 de chicas valientes. London is coming y queda mucho por bailar. Tanto que siento que este viaje acaba de empezar…

Je ne sais pas…

Suena Manu Chao en el coche… «qué voy a hacer, je ne sais pas». Pero en el fondo claro que lo sabemos. Éste es el otoño de las chicas valientes y Venecia se inunda. Pero qué será de nosotros si nos damos por vencidos. La Piazza San Marco me recibe con pleitesía y suena la música de una pequeña banda con violín y piano, anochece pero es como si saliera el sol y nos perdemos entre las minúsculas callejuelas entre canales. Si viajas, déjate sorprender.

Y nos sorprende una tasca nada cool llena de buen vino italiano y mejor gente «Vini al bottegon». No hay como alejarse de los sitios frecuentados por turistas y aunque parezca mentira, hasta en Venecia se puede.

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La ciudad de Romeo y Giulietta es pura ebullición. Sus plazas rebosan ambiente y la vida se ve bonita pasar desde el Café Victorio Emmanuelle de la Piazza Bra de Verona. Si además tienes la suerte de cenar al aire libre pasta fresca y tomar un mojito en Duchi Café, el garito de moda, te sentirás más afortunada que la propia Julieta. No era difícil.

Verona

En cada ciudad, hay que dejar un plan para la próxima visita… y será ver una obra de teatro en el grandioso anfiteatro Arena. Cambiaremos las hojas pero las raíces siempre serán las mismas. Leo esta frase mientras escucho el nuevo disco de Depedro, lleno de melodías y colaboraciones gloriosas.

Como decía Albert Camus… «Voy a decirte algo; los pensamientos nunca son honestos. Las emociones sí». Emocionémonos pues…