Que no se acabe este verano eterno

Cae el último miércoles de agosto y la ciudad aún rebosa esplendor veraniego. Las playas, las calles, los turistas de mochila y albergue y los de hotel cinco estrellas. Inevitable echar la vista atrás y sentir nostalgia temprana de los días largos del inicio del estío. Las palmeras y el olor de un Sur que abriga y sabe a salitre y familia. Los pies descalzos, el pelo mojado y las rubias rodeadas de un montón de chiquillos de su edad descubriendo el placer que da la libertad.

Bolnuevo

Suena “Better man” en directo y cierro los ojos. No estoy soñando. Estoy más viva que nunca. Que no se acabe este verano eterno, pienso mientras redescubro las espléndidas calas del Alt Empordá. Las niñas buscan conchas como quien busca un tesoro y nosotros nos perdemos entre libros y olas, siestas y vida sin prisas. Con poco equipaje, mi risa y tus ganas de hacerme reír. Y con una bandera pirata conquistando arena.

Lescala

Volver a casa sabiendo que una es feliz cerquita del mar. Y charlar de lo humano y lo divino con un viejo amigo. De feminismo, del encanto de Isabelle Huppert, de la búsqueda del ser humano de la belleza y la juventud, de la buena pluma de la argentina Mariana Enríquez y de mucho y buen cine.

Que nos dure este verano invencible y nos prepare para el otoño de las chicas valientes.

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Un faro en el Atlántico

No hay domingo que no se cuele en mi cama. A calentarse los pies, a reír a carcajadas en cuanto le hago cosquillas. La rubia pequeña. Ella es luz y vida. Y en estos días en los que dan ganas de bajarse de este mundo te reconcilia un poco con él.

El amor turbulento entre Oliveira y La Maga y las caminatas por París en busca del cielo y el infierno. Entre sus líneas me pierdo al sol y a tu vera. Entre dunas kilométricas y mojitos al borde del mar. Cortázar, como lectura de unos días de luna llena y faldas cortas… la miel en los labios, los días largos y tranquilos que nos permiten parar de todo y reencontrarnos.

Otro Faro. En el Atlántico. Entre viento y olor a salitre. Papas arrugadas y cerveza canaria…

Y así comienza y termina un abril de luz. Una primavera de calma y demasiadas ideas en la cabeza, sueños que ojalá en breve se hagan realidad. Hace unos días me perdí una conferencia de Elsa Punset donde hablaba de las “posturas poderosas”, esas que nos hacen salir ahí fuera a comernos el mundo y de la importancia que tienen las palabras que nos repetimos a diario…

Rubias, ¿quiénes son las mejores?… ¡Nosotras!

The future is female

La Revolución será feminista o no será. El 8 de marzo siempre ha sido un día cómplice, en el que nos felicitamos por el simple hecho de haber nacido mujer (Sí, las mujeres también somos las mejores amigas, cómplices y compañeras unas con otras). En el que, en el mejor de los casos, nuestras parejas nos felicitan por ser libres y valientes (Sí, esto no es una guerra de géneros). En el que nos acordamos de las que no están porque han sido asesinadas y les honramos. Y el día en el que recordamos el camino recorrido por nuestras abuelas y madres y soñamos por un mundo de igualdad para nuestras hijas.

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Pero este 8 de marzo es diferente. Ya nadie puede ser ajeno al grito que lanzamos las mujeres. No podemos permitir por más tiempo que  se siga cometiendo una injusticia social y un incumplimiento de los derechos humanos fundamentales. Todos somos iguales en derechos y oportunidades en la teoría pero no en la práctica. No queremos más brecha salarial ni techos de cristal. Queremos una conciliación real, un reparto equitativo de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Y sobre todo, nos queremos vivas. Si en occidente ser mujer en el siglo XXI es llevar una enorme mochila encima a diario no quiero ni pensar lo que es ser mujer en un país en vías de desarrollo.

Mañana mis rubias se unen al Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Hemos consensuado que ellas, con 7 y 10 años, se preparen su desayuno, se hagan sus camas y se preparen para ir al colegio. Y lo mejor de todo es que ha sido iniciativa suya al comprender lo que supone que las mujeres se paren…

Y supone… que el mundo se para…

 

 

 

 

 

Un poema de Cortázar y un concierto de Pearl Jam.

A los Reyes les he pedido calma para aceptar lo que tenga que venir. Valentía para salir de mi zona de confort. Coraje para perseguir mis sueños. Y salud de la buena para los míos. El resto es accesorio. Excepto viajar…

Sin pedirlo, el 2017 me trajo un paseo por la Alfama entre tejados lisboetas y calles adoquinadas. Volver a Portas de Sol y conocer el Mercado da Ribeira. Pasear por Cascais y descubrir la magia de un faro y un buen arroz con marisco.

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Si pedirlo, el 2017 me regaló un viaje con amigas a la ciudad de Willy Fog. Con risas bajo el Big Ben, enchufes raros y paradas de metro multirraciales y heterogéneas.

Si pedirlo, el 2017 me trajo de nuevo noches estrelladas en mi Sur, baños al amanecer en el Mediterráneo, cervezas bien frías y confidencias con mi gente, y horas de sol y lectura sobre la arena.

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Sin pedirlo, el 2017 me regaló la luz de Cadaqués y el primer rayo de sol al amanecer. Y un mojito pirata en una cala de Tossa.

Sin pedirlo, el 2017 me ha traído muchas horas de arena, muchas horas de amigos, la conciencia de que las rubias se hacen mayores y con ellas… yo. En 2017 he tropezado, he caído, me han levantado, me han demostrado, he cometido errores, me han querido como nunca, he sabido quién está de verdad y quién no, he tenido miedo del de verdad, he temblado como una niña. Así que 2018 te pido calma, valentía, coraje y salud. Bueno, y un poema de Cortázar y un concierto de Pearl Jam.

… si tengo alas para volar…

El otoño y su luz. Y la magia de un lugar en calma. El Peine del Viento es pura marea o pura paz, según cómo esté la mar. Pero en cualquier caso, es el lugar al que siempre ir. Las rubias disfrutan al escuchar cómo susurra el mar entre las piedras, dan brincos entre ellas y así sólo queda disfrutar… de su risa y del entorno.

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En dos semanas la rubia mayor hace una década. Y yo tiemblo al ser consciente del paso del tiempo. Añoro sus manos minúsculas, sus piernas rollizas, su rostro de hada. En estos diez años la que se ha hecho mayor he sido yo a su lado. La que más ha aprendido de ella, sin duda, yo. La gran afortunada de tenerle cerca, siempre yo. No hay noche que no me diga que me quiere, ni mañana que no me sonría al despertar. Y eso es un verdadero lujo.  Gracias pequeña, por tanto. Eres enorme.

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Leo un reportaje de una pionera del fotoperiodismo, Joana Biarnés y me propongo un reto. Cada semana hablaré a las rubias de una mujer que haya destacado por su profesión y por su defensa de la igualdad. Empezaremos hoy mismo por la gran Frida Kahlo. Mi pequeña aportación en casa para educar en valores igualitarios…

Frida

“Pies, para qué os quiero… si tengo alas para volar”, Frida Kahlo.

“Learning to fly”

 

Superamos con nota el inicio del curso y caminamos al sol por el centro de Londres en plena naturaleza. Hyde Park ha sido un flechazo y siempre será el lugar donde no vi en directo a Tom Petty. Hace unos días nos acostábamos con la noticia de su muerte y con la pena de no haberle escuchado allí en julio…

Seguimos aprendiendo a volar y enseñando a no volar antes de tiempo a dos rubias que se afanan por crecer demasiado rápido. Es la vida, lo sé. Avanza imparable.

Mientras tanto, nos sorprendemos paseando por Convent Garden y sus tiendas, degustando british pale ale, abriendo bien los ojos ante el tumulto del metro y el ruido de las calles de las grandes ciudades. Londres multirracial, heterogénea, abierta, con sus sentidos cambiados y sus enchufes extraños me sabe a amigas de las buenas, a choque de pintas, a carmín rojo de Channel en los labios y a carcajada.

Ya lo dice Lucía B

Me pido regresar a Candem, conocer Nothing Hill y pasar un día entero paseando por Hyde Park, en homenaje al tío Tom.

Mientras… disfrutemos soñando con un nuevo viaje.

Ella abrazaba a la luna y él escondía un cigarro.

Ella abrazaba la luna y él escondía un cigarro. Casi a diario se veían y pasaban inadvertidos a los ojos del otro. De esas caras conocidas que uno no sabe de qué. La semana se le hacía cuesta arriba a él. Ella seguía abrazada a la luna. Poco o nada le faltaba para ilusionarse. Los exámenes le traían por la calle de la amargura pero se pintaba los labios de rojo, como si el carmín fuera su amuleto de la suerte.

Entraba al banco una lluviosa mañana. Con más ganas de salir que de entrar. La ciudad gris. El día gris. La ropa gris. Ella escuchaba “Like the Wheel” de The Tallest Man On Earth con los auriculares a todo volumen mientras paseaba a su perrita Luna. Sin apenas un duro en el bolsillo. Él forrado. La casa, el coche, el apartamento en la costa y las vacaciones… todo pagado.

Ella soñaba con ir a Roma y montar en Vespa. Él hacía tiempo que había dejado de soñar. Bueno, no… A veces se encendían en él las ganas de dejarlo todo, el banco, a la mujer, vender el apartamento de la costa y viajar en autocaravana. De joven había vivido un verano viajando de este modo y había sido, sin duda, el mejor de su vida. Sin apenas preocupaciones, con poco dinero en el bolsillo, la mochila cargada de ilusión y una novia con carmín rojo en los labios y una perrita.

Él no sabe en qué momento dejó de perseguir sus sueños. Ella piensa comerse el mundo, trabajar en el banco y tener algún día un apartamento en la playa.

 

 

El primer rayo de sol del amanecer…


Despertar con el primer rayo de sol del amanecer. Cada día. Y que ese rayo de sol entre por una ventana de una antigua casa de pescadores en Portlligat. Y colocar un espejo para poder ver esa luz desde la cama. Que el olor de las siempre vivas amarillas se cuele por cada rincón y que los olivos dibujen las sombras en los patios. Y que siempre me sorprenda. Y que no deje nunca de sorprenderme.

Cadaqués y su luz mediterránea. Tossa y su alma pirata. Hay lugares que nunca defraudan y donde siempre suena “Stairway to Heaven” de Led Zeppelin. Ha de ser así.

Los agostos de mi infancia saben a salitre y familia. Los de las rubias también. Y pocas cosas me pueden gustar más que verles llegar al lugar donde aprendí a nadar con la misma emoción que lo hacía yo a su edad. Bajar la ventanilla y oler. Como una tradición. Y pasar los días despreocupados entre amigos, familia y Mar Mediterráneo en un pequeño pueblo de pescadores murciano. Con sus barcas, sus palmeras… Y sus mojitos… Esos que los pruebas una vez y los saboreas todo el año.

Una entiende que ya haya pasado el ecuador del verano, aunque nos pese. Pero seguiremos disfrutando de las noches estrelladas, del pelo mojado y de la manga corta mientras podamos. Ojalá este otoño llegue la primavera no vivida, el mes de abril robado. ¿Sabes? La vida es más bonita si te miro de reojo y te pillo mirando.

La vida es algo que hay que morder

El otro día leía que “en un tiempo en que nadie oye, hay que gritar. Y que cuando todo el mundo está ciego, conviene escribir con letras gigantes”. Así quizá conseguiremos ser escuchados, ser leídos. Existir.

Balenciaga decía a menudo que las mujeres no tenían que ser perfectas o bonitas para llevar sus prendas. Cuando vestían su ropa, se volvían hermosas. Y no hay más que ver la exposición de Rachel Mellon en el Museo de Getaria para darse cuenta del significado de sus palabras. La norteamericana tuvo la suerte de ser una de sus selectas clientas. “Me siento bella” escribió en un libro que recogía todos los bocetos de sus vestidos. Como para no…

La elegancia, la sencillez, la perfecta elección de telas y tejidos, el corte tan característico, y tan actual a la vez, de Balenciaga. Contemplar su obra es pura belleza visual.

Julio sabe a salitre y arena. A noches de terraza y luna llena. A verdejo frío al atardecer. A amigos. A verano en estado puro, con su punto salvaje y desenfrenado. A olas y a pelo suelto y mojado. Julio sabe a jazz. Y sí, ya lo dijo Fito en aquella canción… la vida es algo que hay que morder. No te demores.

“En este mundo chambón y jodido

cada noche será vivida como si fuera la última

y cada día como si fuera el primero”

Eduardo Galeano

Lo que la primavera hace con los cerezos…

Ganas de leer el último libro de Isabel AllendeMás allá del invierno“. Leer una entrevista de la escritora es darle una oportunidad más a la vida y a las palabras. Es un soplo al optimismo con 75 tacos. Es volver a creer en mayúsculas. Y adentrase entre sus páginas una revelación…

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Soñar con ir a la Fundación Newton en Berlín a ver la exposición de tres reyes de la fotografía: Jean Pigozzi, Mario Testino y Helmut Newton. Caminar descalza sobre la arena y sobre la hierba y ver hacer volteretas y piruetas a las rubias con una agilidad que para mí quisiera. Los tiempos que corren nos piden a gritos versatilidad, ser flexibles, adaptarnos y salir de la zona de confort. Solo el arte nos puede salvar. Alejarnos de la rutina y permitirnos soñar.

O subir cada año al olivo que nos ve crecer..

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A veces desaparezco un poco porque yo también me necesito”. Leo esta cita y salto a escribirla. A veces no nos damos cuenta de lo importante que es desaparecer para volver con fuerza, para cargar las pilas, para vaciarnos de todo y llenarnos con calma. Y así acabaremos sintiendo lo que la primavera hace con los cerezos…