Sweet Home Bordeaux

Una es feliz un lunes de marzo escribiendo al sol desde la terraza de Cinèma Utopia. Cuando la vida gira 180 grados en apenas unos segundos nos vamos acostumbrando a saborear los instantes de felicidad como si fueran eternos.

Cinema Utopia

Hace apenas unas largas horas fallecía un artesano de la vida de 85 años, con el corazón fuerte y la ilusión intactas. Le conocí a través de los ojos de su hija pequeña, mi amiga Lidia. Y decidió irse (si es que algo así se decide) un martes de marzo, con las mimosas en flor y la primavera adelantada.

La vida bohemia y tranquila de Bordeaux. Plazas y terrazas, libros y poemas, juventud a mares y el Garonne con toda su inmensidad. Bebemos cerveza mientras alguien canta “Sweet Home Alabama” y sé que algún día podría quedarme a vivir aquí.

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Al temido invierno le hemos robado días de lluvia, paseos por Convent Garden entre sueños de cambio y hasta una impensable y deliciosa visita al viejo Bordeaux. ¿Quién dijo que nos costaba salir de la zona de confort?

“Me rebelo, luego somos” Albert Camus

 

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¿Bailamos?

A 2018 le pedí calma, valentía, coraje y salud. Y así lo acabo. Con la sensación del agua de mi pequeño paraíso murciano en los tobillos y las ganas siempre de volver más pronto que tarde. Con una Girona espléndida que nunca deja de abrigarme. Con Venecia dando calor a un otoño bandido y Verona dando sabor a noches de miel. Con Madrid recordándome que aún sigo viva si cierro los ojos y logro emocionarme de nuevo con la voz de Eddie Vedder y el sonido eterno de Pearl Jam.

Ya no hay año que no tenga curvas y nos vamos acostumbrando a girar el cuerpo para tomarlas bien y no caer del todo. Y llegamos a meta, vaya si llegamos. Pero disfrutando del camino y de quien nos acompaña. De la música de De Pedro, de la energía renovada de mi mexicana preferida y de los Gaylads en esta canción que sabe a trenes de llegada y de salida.

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Vamos a por un 2019 de chicas valientes. London is coming y queda mucho por bailar. Tanto que siento que este viaje acaba de empezar…

El viejo reloj de cuco

El viejo reloj de cuco estaba anclado a la pared de la sala, junto a la mesa del comedor y muy cerca de una foto familiar. Todos nosotros muy niños, nuestros padres aún jóvenes y los abuelos orgullosos de reunirnos para la instantánea. En el último piso de aquel portal de la calle Serapio Múgica estaba el viejo reloj de cuco y un bote de plástico lleno de llaveros diversos y variopintos. Había cientos de llaveros. Y el abuelo Pedro los coleccionaba. La de tardes de domingo que habremos pasado en nuestra infancia jugando con aquellos llaveros. La de horas que habrá marcado ese cuco viéndonos crecer.

Todo esto viene a mi recuerdo porque el viejo reloj de cuco está en otra pared de otro comedor. A mil kilómetros, pero no podía tener mejor destino… Ha pasado a ocupar espacio en otro lugar refugio para toda la familia, donde nuestra infancia tiene sabor a mar y olor a camping. Y allí marcará las horas de los veranos de nuestros hijos, viéndoles crecer, viéndonos envejecer.

A este año le quedan un par de telediarios y tantos sueños aún por cumplir que le abrimos los brazos de par en par al diecinueve. Subamos al autobús, no importa el destino… importa el viaje…

“El día pasará y la vida seguirá,

ganarán los mismos,

perderán los de siempre

y quizá, si eres paciente,

si dejas de correr -y te perdonas-

la vida deje de ser ese autobús

que se escapa justo cuando llegabas a la parada”

Marwan “La triste historia de tu cuerpo sobre el mío”

*Va por ti este post, preciosa tía Lucía… a por todas mi chica valiente ❤

Je ne sais pas…

Suena Manu Chao en el coche… “qué voy a hacer, je ne sais pas”. Pero en el fondo claro que lo sabemos. Éste es el otoño de las chicas valientes y Venecia se inunda. Pero qué será de nosotros si nos damos por vencidos. La Piazza San Marco me recibe con pleitesía y suena la música de una pequeña banda con violín y piano, anochece pero es como si saliera el sol y nos perdemos entre las minúsculas callejuelas entre canales. Si viajas, déjate sorprender.

Y nos sorprende una tasca nada cool llena de buen vino italiano y mejor gente “Vini al bottegon”. No hay como alejarse de los sitios frecuentados por turistas y aunque parezca mentira, hasta en Venecia se puede.

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La ciudad de Romeo y Giulietta es pura ebullición. Sus plazas rebosan ambiente y la vida se ve bonita pasar desde el Café Victorio Emmanuelle de la Piazza Bra de Verona. Si además tienes la suerte de cenar al aire libre pasta fresca y tomar un mojito en Duchi Café, el garito de moda, te sentirás más afortunada que la propia Julieta. No era difícil.

Verona

En cada ciudad, hay que dejar un plan para la próxima visita… y será ver una obra de teatro en el grandioso anfiteatro Arena. Cambiaremos las hojas pero las raíces siempre serán las mismas. Leo esta frase mientras escucho el nuevo disco de Depedro, lleno de melodías y colaboraciones gloriosas.

Como decía Albert Camus… “Voy a decirte algo; los pensamientos nunca son honestos. Las emociones sí”. Emocionémonos pues…

Que no se acabe este verano eterno

Cae el último miércoles de agosto y la ciudad aún rebosa esplendor veraniego. Las playas, las calles, los turistas de mochila y albergue y los de hotel cinco estrellas. Inevitable echar la vista atrás y sentir nostalgia temprana de los días largos del inicio del estío. Las palmeras y el olor de un Sur que abriga y sabe a salitre y familia. Los pies descalzos, el pelo mojado y las rubias rodeadas de un montón de chiquillos de su edad descubriendo el placer que da la libertad.

Bolnuevo

Suena “Better man” en directo y cierro los ojos. No estoy soñando. Estoy más viva que nunca. Que no se acabe este verano eterno, pienso mientras redescubro las espléndidas calas del Alt Empordá. Las niñas buscan conchas como quien busca un tesoro y nosotros nos perdemos entre libros y olas, siestas y vida sin prisas. Con poco equipaje, mi risa y tus ganas de hacerme reír. Y con una bandera pirata conquistando arena.

Lescala

Volver a casa sabiendo que una es feliz cerquita del mar. Y charlar de lo humano y lo divino con un viejo amigo. De feminismo, del encanto de Isabelle Huppert, de la búsqueda del ser humano de la belleza y la juventud, de la buena pluma de la argentina Mariana Enríquez y de mucho y buen cine.

Que nos dure este verano invencible y nos prepare para el otoño de las chicas valientes.

Un faro en el Atlántico

No hay domingo que no se cuele en mi cama. A calentarse los pies, a reír a carcajadas en cuanto le hago cosquillas. La rubia pequeña. Ella es luz y vida. Y en estos días en los que dan ganas de bajarse de este mundo te reconcilia un poco con él.

El amor turbulento entre Oliveira y La Maga y las caminatas por París en busca del cielo y el infierno. Entre sus líneas me pierdo al sol y a tu vera. Entre dunas kilométricas y mojitos al borde del mar. Cortázar, como lectura de unos días de luna llena y faldas cortas… la miel en los labios, los días largos y tranquilos que nos permiten parar de todo y reencontrarnos.

Otro Faro. En el Atlántico. Entre viento y olor a salitre. Papas arrugadas y cerveza canaria…

Y así comienza y termina un abril de luz. Una primavera de calma y demasiadas ideas en la cabeza, sueños que ojalá en breve se hagan realidad. Hace unos días me perdí una conferencia de Elsa Punset donde hablaba de las “posturas poderosas”, esas que nos hacen salir ahí fuera a comernos el mundo y de la importancia que tienen las palabras que nos repetimos a diario…

Rubias, ¿quiénes son las mejores?… ¡Nosotras!

The future is female

La Revolución será feminista o no será. El 8 de marzo siempre ha sido un día cómplice, en el que nos felicitamos por el simple hecho de haber nacido mujer (Sí, las mujeres también somos las mejores amigas, cómplices y compañeras unas con otras). En el que, en el mejor de los casos, nuestras parejas nos felicitan por ser libres y valientes (Sí, esto no es una guerra de géneros). En el que nos acordamos de las que no están porque han sido asesinadas y les honramos. Y el día en el que recordamos el camino recorrido por nuestras abuelas y madres y soñamos por un mundo de igualdad para nuestras hijas.

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Pero este 8 de marzo es diferente. Ya nadie puede ser ajeno al grito que lanzamos las mujeres. No podemos permitir por más tiempo que  se siga cometiendo una injusticia social y un incumplimiento de los derechos humanos fundamentales. Todos somos iguales en derechos y oportunidades en la teoría pero no en la práctica. No queremos más brecha salarial ni techos de cristal. Queremos una conciliación real, un reparto equitativo de las tareas domésticas y del cuidado de los hijos. Y sobre todo, nos queremos vivas. Si en occidente ser mujer en el siglo XXI es llevar una enorme mochila encima a diario no quiero ni pensar lo que es ser mujer en un país en vías de desarrollo.

Mañana mis rubias se unen al Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Hemos consensuado que ellas, con 7 y 10 años, se preparen su desayuno, se hagan sus camas y se preparen para ir al colegio. Y lo mejor de todo es que ha sido iniciativa suya al comprender lo que supone que las mujeres se paren…

Y supone… que el mundo se para…

 

 

 

 

 

Un poema de Cortázar y un concierto de Pearl Jam.

A los Reyes les he pedido calma para aceptar lo que tenga que venir. Valentía para salir de mi zona de confort. Coraje para perseguir mis sueños. Y salud de la buena para los míos. El resto es accesorio. Excepto viajar…

Sin pedirlo, el 2017 me trajo un paseo por la Alfama entre tejados lisboetas y calles adoquinadas. Volver a Portas de Sol y conocer el Mercado da Ribeira. Pasear por Cascais y descubrir la magia de un faro y un buen arroz con marisco.

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Si pedirlo, el 2017 me regaló un viaje con amigas a la ciudad de Willy Fog. Con risas bajo el Big Ben, enchufes raros y paradas de metro multirraciales y heterogéneas.

Si pedirlo, el 2017 me trajo de nuevo noches estrelladas en mi Sur, baños al amanecer en el Mediterráneo, cervezas bien frías y confidencias con mi gente, y horas de sol y lectura sobre la arena.

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Sin pedirlo, el 2017 me regaló la luz de Cadaqués y el primer rayo de sol al amanecer. Y un mojito pirata en una cala de Tossa.

Sin pedirlo, el 2017 me ha traído muchas horas de arena, muchas horas de amigos, la conciencia de que las rubias se hacen mayores y con ellas… yo. En 2017 he tropezado, he caído, me han levantado, me han demostrado, he cometido errores, me han querido como nunca, he sabido quién está de verdad y quién no, he tenido miedo del de verdad, he temblado como una niña. Así que 2018 te pido calma, valentía, coraje y salud. Bueno, y un poema de Cortázar y un concierto de Pearl Jam.

… si tengo alas para volar…

El otoño y su luz. Y la magia de un lugar en calma. El Peine del Viento es pura marea o pura paz, según cómo esté la mar. Pero en cualquier caso, es el lugar al que siempre ir. Las rubias disfrutan al escuchar cómo susurra el mar entre las piedras, dan brincos entre ellas y así sólo queda disfrutar… de su risa y del entorno.

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En dos semanas la rubia mayor hace una década. Y yo tiemblo al ser consciente del paso del tiempo. Añoro sus manos minúsculas, sus piernas rollizas, su rostro de hada. En estos diez años la que se ha hecho mayor he sido yo a su lado. La que más ha aprendido de ella, sin duda, yo. La gran afortunada de tenerle cerca, siempre yo. No hay noche que no me diga que me quiere, ni mañana que no me sonría al despertar. Y eso es un verdadero lujo.  Gracias pequeña, por tanto. Eres enorme.

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Leo un reportaje de una pionera del fotoperiodismo, Joana Biarnés y me propongo un reto. Cada semana hablaré a las rubias de una mujer que haya destacado por su profesión y por su defensa de la igualdad. Empezaremos hoy mismo por la gran Frida Kahlo. Mi pequeña aportación en casa para educar en valores igualitarios…

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“Pies, para qué os quiero… si tengo alas para volar”, Frida Kahlo.

“Learning to fly”

 

Superamos con nota el inicio del curso y caminamos al sol por el centro de Londres en plena naturaleza. Hyde Park ha sido un flechazo y siempre será el lugar donde no vi en directo a Tom Petty. Hace unos días nos acostábamos con la noticia de su muerte y con la pena de no haberle escuchado allí en julio…

Seguimos aprendiendo a volar y enseñando a no volar antes de tiempo a dos rubias que se afanan por crecer demasiado rápido. Es la vida, lo sé. Avanza imparable.

Mientras tanto, nos sorprendemos paseando por Convent Garden y sus tiendas, degustando british pale ale, abriendo bien los ojos ante el tumulto del metro y el ruido de las calles de las grandes ciudades. Londres multirracial, heterogénea, abierta, con sus sentidos cambiados y sus enchufes extraños me sabe a amigas de las buenas, a choque de pintas, a carmín rojo de Channel en los labios y a carcajada.

Ya lo dice Lucía B

Me pido regresar a Candem, conocer Nothing Hill y pasar un día entero paseando por Hyde Park, en homenaje al tío Tom.

Mientras… disfrutemos soñando con un nuevo viaje.